El Túnel de los Pirineos

Esta es una historia de la vida real, me la contó mi abuela y ocurrió en el año 1990, específicamente en un pueblo pequeño ubicado cerca de los Pirineos.

Era una noche fría de invierno, a una madre y su pequeño hijo de ocho años les quedaba media hora de camino por una carretera de la montaña llena de curvas. Ya era algo tarde y la carretera yacía solitaria. El pronóstico del clima presentado por mañana, se cumplía: comenzó a caer una lluvia agresiva que empañaba rápidamente el cristal del vehículo.

Con la intención de distraer a su hijo, la madre encendió la radio. En las noticias hacían comentarios sobre el último partido de fútbol jugado el fin de semana; de pronto, la programación fue interrumpida para dar paso a la narración de una noticia de último minuto:

– “Las fuertes lluvias y una caída repentina de tensión, han ocasionado que los sistemas de seguridad del centro de salud mental y penitenciario de los Pirineos queden inutilizados, por lo que varios internos han logrado escapar. Mucha precaución a los habitantes de la zona, les pedimos que no abandonen su casa durante las próximas horas. La policía dará solución lo más antes posible”.

En ese momento, un escalofrío recorrió la espalda de la madre, quien no se encontraba alejada de los centros que habían mencionado. No mencionó nada al respecto con hijo, él no sabía dónde se encontraban. Quiso ahorrarle preocupaciones; mientras tanto, la tormenta continuaba con más fuerza.

Al coincidir con la entrada de un túnel bastante conocido de la zona por ser muy largo, de golpe, el auto presentó fallas. La madre había pospuesto la revisión rutinaria del auto porque consideró que no pasaría nada. En aquel momento, se arrepintió de no haber seguido las instrucciones del mecánico.

De pronto, el auto quedó parado a mitad del túnel, la madre disimulaba lo asustaba que se encontraba y le dijo al niño:

– Bajaré un momento del auto para hallar un teléfono de emergencia que me parece haber visto un poco más atrás. Quizá necesitemos que nos asista una grúa. No quiero que te preocupes, no pasará nada, cerraré el auto desde afuera para que no sientas miedo. Pon música en la radio y espérame, regreso enseguida.

– ¡Sí mamá, pero no tardes, te lo pido! – exclamó el niño.

Mientras la madre caminaba, el niño veía cómo la silueta desaparecía entre la niebla y oscuridad del túnel. Esperó por varios minutos, pasó una y otra canción, otra más, pero la madre no regresaba y comenzó a impacientarse…

De pronto, después de esperar por mucho tiempo, el niño notó que algo se movía por el retrovisor. Era una silueta, no se parecía a la de su madre, así que la felicidad se esfumó y una sensación de terror recorrió su pequeño y frágil cuerpo…

Alguien caminaba hacia él y parecía llevar algo consigo, conforme se acercaba, la imagen iba aclarándose hasta que logró reconocerla por completo… Era la cabeza de su madre.

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