miércoles, 27 de marzo de 2013

Aparición de un ánima del Purgatorio



En la villa de Toluca (que es del marques del Valle), una mujer española, llamada Isabel Hernández, viéndose atribulado, fue a su confesor, que se decía Fr. Benito de Pedroche, cómo estando acostada en su cama, había visto al amanecer un hombre colgado en su aposento, con el hábito de la misericordia. El confesor le dijo, que lo conjurase si tenía ánimo para ello, y le enseñó el modo como lo había de hacer. Aparecióle este hombre otras dos ó tres veces, hasta que un día, a la misma hora, estando ella acostada en su cama con otras mujeres, por el temor que tenía, vio la misma visión, y lo conjuró y preguntó qué era lo que quería.
El hombre le dijo quién era, y cómo habia que estaba en purgatorio, porque había levantado un falso testimonio a una doncella que quería casar un sacerdote honrado, llamado Antonio Fraile, por lo cual la doncella no se casó. Y que se había confesado de aquel pecado y tenido de él contricción; mas por cuanto no le había restituido la honra, penaba todavía en el purgatorio. Y que para muestra de la verdad que decía, que le preguntasen al Antonio Fraile si esto era así. Y que por morir fuera de México no le había vuelto la honra; que de su parte se la volviesen y le mandase decir algunas misas, porque luego saldría de purgatorio, y asi se las dijeron, y nunca más pareció.

Hízose averiguación de esto en México, y hallose ser todo así, y a aquella mujer se le volvió la honra, aunque ya era casada cuando sucedió. No se descubre el nombre del difunto por su honra.

 
 

 




 

martes, 19 de marzo de 2013

Tuviste suerte

Después de una noche con sus amigas de fiesta por ahí, una muchacha vuelve a su habitación que comparte con una amiga. Para no despertarla decide no encender la luz. Así que entra en la habitación, se pone su pijama y se mete en la cama. Todo esto en la más absoluta intimidad. Antes de dormirse escucha ruidos, cómo jadeos. Pero imagina que es su amiga que está con su novio. Así que se mete debajo de la colcha para oír lo menos posible y finalmente se duerme.
A la mañana siguiente, la muchacha se despierta y mira hacia la cama de la amiga, para ver si ésta se había despertado también. Y allí estaba su amiga…. ¡¡pero muerta!! Su cama era un charco de sangre. En la pared de encima de la cama de su amiga había escrita con sangre una frase que la hizo chillar de terror: “Tuviste suerte de no haber encendido la luz.