miércoles, 25 de julio de 2012

El castigo

En un pueblo de aquí de Puebla (ya no me acuerdo cómo se llama) había un cura, pero no era como cualquier cura, él estaba en el vicio de ser un mujeriego. A veces en vez de dar misa se iba de parranda con una mujer cualquiera, pero en ese pueblo también habitaba un herrero que era lo contrario a aquel cura, daba consejos y ayudaba a la gente, pero a pesar de sus diferencias él y el cura eran unos buenos amigos.
Un día a eso de las dos de la mañana tocaron la puerta del herrero y él todavía con sueño fue a abrir la puerta y se encontró con 2 negros que llevaban una mula a la que estaban maltratando con unos látigos que al final tenían unas grandes púas. Un negro se le acercó y le dijo que venían de parte del cura y le pidió que le pusiera unas herraduras a la mula ya que el cura iba a salir para otro pueblo y que lo hiciera rápido ya que iba a salir en la mañana. El herrero aceptó y le puso las herraduras al maltratado animal.
Ya en la mañana el herrero fue a la casa del cura a despedirse de él por si todavía no se había ido. Ya en la casa del cura uno de los criados le dijo que todavía no se había ido, él subió a la cama del cura y lo encontró dormido. Lo despertó y le preguntó por qué todavía no se había ido. El cura le respondió que no había programado salir. Al escuchar esto el herrero le contó lo que le había pasado en la madrugada. El cura le dijo que tuvieron que ser unos tipos que no querían pagar y le comentó para probar eso que "toda la noche había estado con una mujer" y le señaló el lado de la cama donde estaba acostada. La quiso despertar moviéndola pero no respondía, la destapó y cuál no sería su sorpresa al verla herida por unas púas y unas herraduras en los pies y las manos.

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