domingo, 31 de julio de 2011

La Leyenda de la Novia sin Cabeza

¿Quién se atrevería a desafiar el frío que se apodera de las calles potosinas en las noches de invierno? Las bajas temperaturas recluyen a las personas en sus viviendas mientras el "chirihuayrita" se pasea impune por callejuelas y recovecos. De cuando en cuando, el viento aumenta su velocidad y agita los faroles coloniales que se mecen entre chirridos mientras algún cable de electricidad chisporrotea más allá, sumándose al concierto nocturno.

En el barrio minero de San Benito, los chispazos del deficiente tendido eléctrico son como relámpagos que iluminan ocasionalmente las callejas que no tienen alumbrado público. Cuando la portera de la escuela Cleto Loayza dejó su cuartucho y se dirigió hasta los baños, un lejano chisporroteo la detuvo provocándole un estremecimiento que nada tenía que ver con el frío.

—¡Este "chirihuayrita"!- dijo maldiciendo al viento frío de la puna- aurita lo va a hacer cortar la luz.

Fue entonces cuando vio el reflejo en la ventana.

Ella estaba ahí, inmóvil, quieta pese a la insistencia del viento y nítida en su manchada blancura.

—Es la novia —reconoció la portera— ¡es la novia! Y su alarido de terror se sumó al frío concierto de las noches potosinas.

II Amor de lejos...

María y Rufino no podían ser felices. Hacia 1983, la sequía había castigado duramente a Potosí y lo que menos había era trabajo.

—Tendré que irme a la Argentina —dijo él una mañana— allí voy a encontrar trabajo y te voy a mandar plata.

A ella no le gustó nada la idea pero sabía que no había más remedio. Aunque aún no tenían hijos, la falta de dinero era tan desesperante que, en ocasiones, pasaban hasta tres días sin probar bocado.

La despedida fue cruel. Entre besos y lágrimas, los jóvenes esposos reiteraron sus promesas de amor eterno y, finalmente, se separaron. Pero la separación no fue tan dura como la ausencia. Mirando las cañahuecas del techo, María se acostumbró a contar las horas en sus largas noches de soledad.

Las horas eran largas, los días tediosos, las semanas dolorosas y los meses parecían infinitos. Del ausente no había noticias. Ni una carta...ni un centavo.

III ...Amor de tontos

Gustavo insistía demasiado.

—Cásate conmigo —le había dicho varias veces— yo te amo y nunca te abandonaré.

La insistencia del hombre comenzó a tornarse en obsesión. Gustavo la seguía a todas partes y, cuando María se encerraba en su cuartucho, luego de darle con la puerta en las narices, él seguía proclamando su amor desde la ventana.

Poco a poco, la idea dejó de parecerle descabellada. Después de todo, no tenía dinero y Gustavo le ofrecía la seguridad que ella jamás conoció.

La seriedad de su propuesta llevó a la pobre mujer hasta la sala de una casa donde se fijó la fecha de la boda.

—Tiene que ser una fiesta sonada —dijo la madre de Gustavo— contrataremos el salón del Unificada y la misa será en la Catedral.

El enamorado pretendiente conocía muy bien la situación de María, pero ambos convinieron en guardar el secreto con el convencimiento de que, por el silencio demostrado, Rufino ya había cambiado de vida en la Argentina.

IV Bodas de sangre

Cuando vio la Basílica llena de gente, María terminó de convencerse cuán sola estaba en el mundo.

Casi todos los participantes en la ceremonia eran parientes o amistades de Gustavo. Salvo una o dos amigas, ella no tenía a nadie más.

La sensación de soledad le acompañó durante toda la misa. Parecía casi atontada cuando respondió "sí, quiero" al sacerdote. Ni siquiera el tañido de las campanas consiguió sacarla de su ensimismamiento.

Sólo reaccionó cuando, al salir del templo del brazo de su nuevo esposo, vio a Rufino ahí, al pie de la escalinata.

Se quedó muda, inmóvil y asustada y no dijo nada cuando su primer marido se le aproximó con una serenidad asombrosa.

—Felicidades —le dijo secamente mientras le abrazaba—. Parece que encontraste la solución a tus problemas.

Y entonces sucedió.

Nadie pudo hacer nada cuando el sol se reflejó en la hoja de un puñal que Rufino levantó tan alto como pudo.

El griterío de los invitados apagó el alarido que María debió proferir cuando el puñal se enterró en su pecho, tiñendo de sangre su vestido blanco.

—¡Desgraciado!, ¡desgraciado! —maldecía Gustavo mientras golpeaba al homicida que no hizo nada para defenderse—. Tú te habías ido... te habías perdido.

Rufino fue a parar a la cárcel pero su puñalada fue certera. La vida de María terminó y sus sueños se secaron como la sangre que manchó las escalinatas de la Catedral potosina.

V La partida

La desventurada novia fue sepultada provisionalmente en un nicho cualquiera ya que nadie reclamó sus restos.

En medio de un escándalo que alimentó los noticiosos durante días, Gustavo prefirió marcharse de Potosí en busca de algún remedio para sus penas.

Y mientras la gente comenzaba a olvidar el suceso, el administrador del cementerio sentía crecer su preocupación por el destino del cadáver.

—Sáquenla —ordenó un día— que esté en el crematorio y, si nadie lo reclama, incineren el cadáver.

Los despojos de la novia estuvieron a la vista de todos los que, como el que escribe estas líneas, se asomaban hasta la chimenea del viejo crematorio para satisfacer su morbosa curiosidad.

Vestida de blanco y con los brazos cruzados, la novia parecía mirar desde el fondo de sus cuencas, mientras el "bouquet" no alcanzaba a cubrir el rojizo hoyo en el pecho. Durante algún tiempo, nadie más habló de la novia hasta que el administrador del cementerio elevó un reporte oral: —El cadáver ha desaparecido. No sabemos dónde está.

VI Astuto recurso

El rumor crecía como el miedo de los supersticiosos.

—La novia está penando —decían con toda la seriedad del mundo—, aparece por las noches para pedir perdón por sus pecados.

Los testimonios eran numerosos y las más afectadas eran las tenderas. —Apareció anoche en mi tienda —dijo llorando una de ellas— le he visto clarito...era una calavera...era la novia. Las versiones eran tantas que la policía decidió reforzar su labor de vigilancia y, finalmente, presentó públicamente sus resultados.

Un grupo de antisociales se había aprovechado de la historia de María para cometer sus fechorías impunemente.

Uno de ellos se vestía de novia y, usando una máscara de calavera, asustaba a las vendedoras mientras sus cómplices se dedicaban a desvalijar la tienda. El informe policial tuvo la virtud de silenciar la leyenda...por lo menos por unos años.

VII El reflejo

—¡La novia aparece cada noche en la escuela Cleto Loayza! La noticia hizo que todos pierdan el respeto al frío.

Cada noche, grandes cantidades de personas se aglomeraban frente al ventanal para mirar con asombro la imagen de la novia que, esta vez, aparecía sin cabeza. Una vez más, la policía tuvo que intervenir.

—No hay nada de qué alarmarse —declaró el comandante—, es sólo el reflejo de la cruz del Cerro Pary Orcko, cuyas luces se encienden por las noches.

Pero la gente no creía el desmentido y continuaba acudiendo hasta la escuela para observar el prodigio.

Aunque los incrédulos también abundaban, la mayoría de la gente creía que la novia había vuelto, casi al terminar el siglo, para llorar sus penas.

Y quizás las cosas hubieran seguido así si es que el propio gentío no provococaba que el vidrio se rompa y la imagen desaparezca.

VIII Epílogo

Catorce años después del público asesinato, las cosas han vuelto a la calma en Potosí. Nadie más acude a la escuela Cleto Loayza, del barrio minero de San Benito, para ver la imagen de la novia en el ventanal. La supuesta aparición motivó que la trágica muerte de María retorne a las páginas de los periódicos y a los noticiosos de radio y televisión. Y mientras todos recuerdan la historia de la novia, los menos ratifican que Potosí es, aún hoy en día, una ciudad de tradiciones y leyendas que circulan por sus calles coloniales acompañando al inclemente "chirihuayrita".

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