martes, 30 de noviembre de 2010

La chica

Eran las 8:30 cuando llegamos al baile. Yo con mi novia bailamos, mientras que Joel estaba sentado mirando el techo. Entró al lugar una bella chica, mi hermano la había invitado a bailar. Bailaron 10 minutos, porque ella estaba casi muerta de frío, y mi hermano ya había entrado en calor, entonces mi hermano le dio su campera y la chica a mi hermano le dio sus documentos porque no tenía bolsillos en su ropa.

Bailamos hasta las 11:53:28, de pronto, mientras que mi hermano estaba comprando bebidas para los 4; hubo un apagón...Todos gritamos, luego volvió la luz, mi hermano trajo las cocas y se fue a buscar a Amelie (la nueva chica de el). Pero ella ya no estaba, y eran las 12:00:00.

Al día siguiente a las 15:00:00, fui con mi hermano a la casa de Amelie, la dirección la supimos gracias a que ella nos había dado el documento.

Llegamos a la casa, y le comentamos lo sucedido a la madre, quien dijo:
- Pero chicos esto es imposible, Amelie murió el otro sábado a las 11:53:28 de la noche-.
Fuimos a su tumba, y allí estaba la campera de mi hermano toda fría y la tumba escavada como si la hubiesen escavado hacia media hora.

El cementerio quedaba a 11 cuadras del lugar de los hechos, y su madre contó que su hija puede ser que este buscando a una víctima...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La leyenda del degollado de la noria

Aquí tengo yo un pequeño relato que es muy real, me lo contó una señora amiga mía cuando era pequeña, solo que he cambiado los nombres, y el lugar, ante todo por respeto a su memoria, sin embargo doy a conocer su historia ya que estoy segura a ella le hubiera gustado así, pues ella era magnífica contando historias de horror.
Aún recuerdo como si fuera ayer aquellos días idos de mi infancia. Al salir de la escuela primaria, siempre me aguardaba la vieja carretita de dulces de doña María.
Parece que la imagen quedó estática después de tantos años, y hace apenas tres días de que ella falleciera.

Doña María siempre me esperaba afuera de la primaria, cargando su mercancía de dulces y juguetes de plástico barato. Recuerdo su sonrisa y su voz hablándome suavemente, siempre alegre.

Solía ayudarle a recoger sus cosas y la acompañaba cuadra y media hasta su casa. Era una casita hecha de ladrillos y lámina, vivía sola y con el recuerdo constante de su marido, fallecido hacía siete años atrás.

Al llegar me invitaba a pasar, me ofrecía café con galletitas y se ponía a hablar conmigo horas enteras, yo nunca me cansaba de escuchar las mil vivencias de doña María, tenía una forma de relatar lo vivido que sentías como si estuvieras ahí.

A veces me quedaba ayudándole en un puestecito que tenía en la esquina, y cuando oscurecía le pedía a doña María que me relatara cuentos de espantos, y ella presurosa me decía de las luces que se miraban en el panteón de su pueblo cuando era niña, y también de las veces que en el monte había escuchado los lúgubres lamentos de la Llorona, pero había un relato en general que me llamaba bastante la atención.

Este era la leyenda de "el degollado de la noria". Cada vez que le pedía que me contara la historia, ésta se persignaba.

Fueron tantas las veces que escuché este relato que me atrevo a decir que me lo sé de memoria, y casi parece que escucho a doña María a mi lado.


"Estando yo chamaca un poco más grande que tú, mi madre me envió a la noria con una de mis tías, para que le ayudara con el "negocio" (limpieza de la casa), porque ella no podía ni con ella misma, pues días atrás se había caído y desde entonces ya no pudo mover las piernas. Sabía muy bien yo que mi tía no iba durar mucho entre los vivos, y al parecer también lo sabía Vicente, mi primo, que no más supo que mi tía Francisca estaba encamada y luego, luego se dejó venir como zopilote.

Nunca me agradó Vicente, jamás había procurado la salud de mi tía, no más la andaba rondando para quedarse con el terreno y las dos casas. Tampoco yo le agradaba mucho a él, que me tachaba de metiche y arrimada, y se pasaba haciéndome malas caras, yo ni lo volteaba a ver, encogía los hombros y lo dejaba soltar su veneno.

Pero la gente mala siempre termina por recibir su merecido, y a Vicente le tocaba el turno.

Una noche llegó borracho, gritando, pateando y maldiciendo, mi tía que era una persona de carácter recio, lo corrió y lo envió a la otra casa, este enfurecido le gritó que ya era hora que se fuera muriendo, que no podía seguir aguantándola, ¿te imaginas, decirle eso a tu madre? Pero bueno, de él podías pensar lo que fuera.

Y se fue Vicente, tambaleándose de borracho, y a lo lejos aún se podían escuchar sus gritos, maldiciéndonos a las dos.

Al día siguiente, cuando salí tempranito en la mañana para comprar las tortillas, me topé con un grupito de señoras, que espantadas admitían haber escuchado la carreta de la muerte la noche anterior, yo paré la oreja para escuchar lo que decían, y me asusté bastante, ya que aseguraban que cuando la carreta se escuchaba rondando por las empedradas calles de la noria, de seguro alguien no tardaba ni tantito en morirse, enseguida pensé en mi tía Francisca, y de un salto me fui que vuela a la casa. Al regresar la encontré en su recámara, como siempre, le pedí disculpas por no haber traído las tortillas y le expliqué de lo que había escuchado, y ella me dijo que todas eran unas viejas gallinas que se espantaban hasta de su sombra, que no creyera en semejantes cuentos, por que no dejaban nada bueno.

Esa tarde regresó mi primo a la casa furioso, le dijo que tanto fue a tocarle la puerta, que para que lo corría si le iba a estar rogando que volviera. Ella sorprendida le dijo que cómo podía ir si no podía caminar, y él le dijo que si creía que era estúpido, pues conocía bien su voz, y que lo estuvo llamando toda la noche. Mi tía le dijo que era su conciencia, y él salió azotando la reja y se fue.

Al otro día cuando fui por el mandado, en la tienda me topé a las mismas señoras del día anterior, y de nuevo decían haber escuchado la carreta de la muerte rondando, una de ellas dijo que la havia visto dirigirse a la casa del huerto, a lo que otra de ellas contestó que por nada del mundo te debes asomar cuando ande la carreta vagando, pues te podía confundir con la persona que ella anda buscando y que cuando se da cuenta de que no eres esa persona, se encoleriza y te parte el pescuezo con su guadaña.

Llegué pues a la casa más pálida que un difunto, recordando las palabras de aquella señora, de que la carreta se dirigió a la casa del huerto, a donde mi tía había enviado al Vicente, y enseguida le sumé lo que él aseguraba que le había ocurrido, eso de que tocaban a su puerta y la voz que lo llamaba.

Entonces decidí ir a buscarlo a la casa del huerto para advertirle, me caía mal pero no era como pa’ dejar que se muriera, así que allá voy yo. Al llegar estaba tendido en la hamaca, le hablé despacito, no fuera que se enojara y me quedara yo sin decirle nada, se despertó enojado y me dijo que me largara, le dije que me escuchara, que lo que había oído esa noche había sido la muerte, y que si se le ocurría asomarse ya no iba a durar otro día pa’ contarlo, pero el soltó una carcajada y me corrió sin más ni más. Y a mí que no me quedaba de otra, no hice otra cosa que compadecerme de su suerte y rezar para que nada malo le pasara.

Estaba yo bien dormida, cuando siento que me jalan de los cabellos, y entre grito y grito reconozco la voz del Vicente, que me decía que no volviera a molestarlo por las noches, que no iba creer semejantes cuentos, mi tía como pudo intentó levantarse para defenderme, pero en su intento cayó al piso, el muy cobarde salió corriendo de la casa, pensando que mi tía se había muerto, yo como pude la levanté y estuve con ella hasta que abrió los ojos, me aseguro que se sentía bien.

Así pasaron otros dos días sin que ese perro nos molestara, pero una tarde volvió con un genio de los mil demonios, alegando lo mismo, alegando que una de las dos había estado llamando a la puerta toda la noche, y mi tía ya muy seria le dijo que no podía ser otra cosa mas que las respuestas a sus malas acciones, y desesperado grito que no iba creer esas cosas de que fue el diablo a la muerte a llamarlo a la puerta, mi tía le rogó que por nada del mundo fuera a abrir la puerta, que ni siquiera se asomara a la ventana, pero él, más necio que una mula, le advirtió que si volvíamos a estarlo llamando no sabría cómo reaccionar.

No pudimos hacer nada por detenerlo y lo dejamos ir, sólo nos quedaba esperar y que el tiempo lo dijera todo.

Esa noche un grito horrible rompió el silencio de la noria, los perros aullaban, y el viento azotaba puertas y ventanas, hacía que a uno se le pusieran los pelos de punta.

Todo el pueblo se despertó ante aquel desgarrador grito que provenía de la huerta, mi tía alarmada me pidió que fuera por un vecino para que fuera a ver al Vicente.

Así que le llamé y él junto con otros hombres emprendieron el rumbo hacia la casa de la huerta, a los pocos minutos volvieron cabizbajos, yo presentía que algo malo había pasado.

Dicen que lo encontraron en el portal de la puerta, con el cuello partido en dos y con una mueca de terror en los ojos. Yo y mi tía sabíamos qué había ocurrido y no nos quedó otra que rogar por el alma de Vicente, para que descansara y no anduviera apareciéndose como espanto por la horrible muerte que había sufrido.

Dicen que cada vez que alguien va a morir en la noria, los galopes de caballo se escuchan junto con el rechinar de llantas de una vieja carreta, y que desde el huerto se escucha un grito que horroriza a los pobladores, que se aseguran que nadie abra las puertas, ni las ventanas. Es el alma atormentada de Vicente que con terror se topa cara a cara con la muerte"


Así terminaba el cuento de doña María, descanse en paz.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Posesión

A ellas de jóvenes les encantaba los espiritismos y siempre practicaban sesiones de ese tipo...
Estaban un verano haciendo la oui-ja y tras preguntar varias cosas nadie contestaba hasta que a Claudia se le ocurrió preguntar: Estas vivo??... al momento el vaso que presidía la mesa se movió dirigiéndose poco a poco hasta el NO. Las caras de todas ellas se turbaron y Ana que no creía mucho en eso dijo: si es verdad que estas aquí manifiestate en alguna de nosotras. Fue lo peor que puedo hacer ya que al instante su cara palideció sus ojos se pusieron rojos y empezó a babear por la boca...
Su novio que estaba presenciando la sesión pero sin colaborar se quedó helado junto con el resto de las demás amigas cuando Ana se dirigió hasta a él con un cuchillo en la mano... Intentaba matarlo!! Todos empezaron a huir de Ana despavoridos con tan mala suerte que la puerta estaba atrancada.
De pronto la madre de Claudia, que estaba en la cocina, escuchó el alboroto de gritos y lloros que había en la habitación y corrió hasta allí y desatrancó la puerta. Al segundo salieron todos como una manada de la habitación y detrás de todos ellos Ana, la cual nada mas salir cayó al suelo desmayada.
Al despertar no recordaba nada de lo ocurrido y la cosa quedo en un susto...o eso es lo que les pareció en ese momento...
Pero Ana de vez en cuando seguía teniendo posesiones en las que volvía al mismo estado e intentaba matar a su pareja y luego caía desmayada..
Esos episodios se siguieron repitiendo hasta el punto en que su pareja dejo a Ana ya que temía por su vida...
Y esto no acaba aquí, porque a las 5 meses después de la sesión de oui-ja ella yació muerta en la cama por una muerte inexplicada...
Es muy probable que mas de la mitad que leáis esto no lo creeréis pero la historia es absolutamente REAL!!! y si no lo creéis nadie puede oblligaros a que lo hagáis pero...seguir mi consejo y no juguéis con los espíritus porque nada bueno os deparará.

martes, 9 de noviembre de 2010

El cuadro del payaso

Una familia se mudó a una casa enorme. Cuando entraron había un cuadro de un payaso con la palma de la mano abierta, era muy bonito así que decidieron dejarlo.
Cuando llegó la noche todos se acostaron. A la mañana siguiente el padre de la familia murió. Nadie se dio cuenta en el payaso, pero e su mano había bajado un dedo.
A los pocos días murió la madre y el payaso bajó otro dedo. Así fue haciéndolo hasta que ya tenía todos los dedos bajados menos el meñique.
Aquella noche la casa se quemó y los bomberos fueron a apagarla, pero lo único que pudieron salvar fue el cuadro del payaso.
Después de pasar 10 años reformaron la casa y otra familia se mudó a vivir allí. Cuando entraron vieron el cuadro de el mismo payaso con la palma de su mano abierta...

martes, 2 de noviembre de 2010

La comadre bruja

Las leyendas de "brujas" son comunes en la región noreste de México y envuelven una mezcla de tradiciones y costumbres antiguas de la región, las cuales muestran una parte de la forma de pensar de las personas en aquellos lugares. Pero los relatos modernos de "brujas" aparentan más algo de apariencia "paranormal" que a simples relatos surgidos de la imaginación de las personas; sin embargo algunos afirman que tanto los relatos antiguos como los contemporaneos podrían ser reales, y que se trata de la forma de interpretar un fenómeno aún desconocido y sin explicación para las personas.
El presente relato se remonta a la primera mitad del siglo XX, me lo contó hace varios años mi señor padre, que en el Cielo está; él fue un gran practicante del montañismo en su juventud y recorrió practicamente todas las montañas y cerros del estado de Nuevo León, en sus excursiones conoció algunos relatos de este tipo. Espero sea de su agrado.
"La comadre bruja"
Hace ya mucho tiempo, un ranchero iba cabalgando de noche por una brecha que cruzaba el monte, allá en el municipio de Sabinas Hidalgo. Había muy buena luz de Luna por lo que era fácil ir por aquella brecha en medio de aquel gran terreno despoblado. De pronto una lechuza negra comenzó a seguir al ranchero, lo seguía haciendo pequeños vuelos en zigzag, posándose sobre las ramas secas de algunos mezquites, palmas y quiotes del lugar.
De pronto la lechuza empezó a hacer un ruido muy parecido al chistido de una persona, como queriendo llamar la atención del ranchero, y sus vuelos comenzaron a ser más cercanos al ranchero al grado de pasar rozando su sombrero. Entonces el ranchero sospechó que pudiera tratarse de una "bruja", de esas que cuentan que se convierten en lechuza por las noches.
Este ranchero tenía una comadre de la cual sospechaba que era alguna bruja, y que además no se llevaba bien con ella, así que pesó que pudiera tratarse de ella. El ranchero decía "A que comadre tan argüendera, así que ahí anda volando". Así que sin hacer muchos movimientos, desenfundó su machete y lo puso junto a su pierna escondiéndolo para que no se viera, pero el mango lo agarró al reves para poder golpearla con el lado sin filo, pues si aquella lechuza se trataba en realidad de su comadre quería comprobarlo, y aunque le caía mal no quería causarle la muerte, nada más darle un susto.
Y él continuó cabalgando a paso lento para permitir que la lechuza lo alcanzara y estuviera más cerca, y en uno de esos vuelos que paso rozando su sombrero, le lanzó un fuerte golpe que derribó a la lechuza y fue a caer entre los matorrales; el ranchero desmontó y corrió hacia donde había caído la lechuza y aunque esta intentó defenderse con sus garras y pico, este le propinó varios golpes con la hoja del machete y unos cuantos puntapiés, hasta que quedó totalmente inconsciente aquel animal.
Ya estaba cerca del pueblo donde quedó la lechuza así que decidió irse a su casa a dormir, pues ya era muy noche. A la mañana siguiente, se despertó algo tarde y al levantarse su esposa llegó corriendo toda asustada diciéndole "¡Viejo, encontraron a la comadre toda golpeada tirada junto a una brecha, vamos a verla, pobre de ella!". El ranchero ya sospechando el porqué de aquel alboroto se vistió y acompaño a su esposa a ver a su comadre que vivía cerca de su casa.
Al llegar había varias personas acompañándola, entre vecinas, familiares y curiosos. La comadre se encontrada con un vestido negro en su cama toda llena de moretones y raspones, al parecer causadas por haber sido golpeada con la hoja de un machete y haber recibido varias patadas. Ella se lamentaba con unos leves quejidos algo pausados, pero al entrar el ranchero al cuarto y decir con algo de sarcasmo "¿Cómo está comadre? ¿Qué la golpearon?", ella comenzó a dar grandes quejidos y a llorar con mucho ímpetu.
El ranchero y su esposa se fueron del lugar, pero él decía con algo de sarcasmo mientras se retiraba "Pobre de la comadre, pobrecita, la golpearon mucho" y ella lloraba y se quejaba más al escuchar sus palabras.
Algunos meses después la comadre del ranchero falleció de causas desconocidas.